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Las raíces biológicas de la moral y la conciencia: tus neuronas podrían condicionar hasta tu decisión electoral

Yarith Tannos, Oaxaca, Tannos, Istmo, Amante de la Cultura, Tradición, PRI, Yarith Tannos Facebook, Yarith Tannos Twitter, Oaxaca de Juárez, Puerto Escondido, Guelaguetza, Yarith Tannos Instagram, Danza Oaxaca, Cultura Oaxaca, #SomosOaxaca #TodosSomosOaxaca

“La conciencia es todo lo que experimentas. Es la canción que se repite en tu cabeza, la dulzura de un mousse de chocolate, las punzadas de un dolor de muela, el amor intenso por tu hijo, la amarga certeza de que eventualmente todos los sentimientos terminarán”.

Ese emotivo concepto pertenece al neurocientífico estadounidense Christof Koch, quien ha dedicado buena parte de su carrera al estudio de las bases neuronales de la conciencia.

Así como un conjunto de células forman los tejidos y los órganos del cuerpo, Koch asegura que los mecanismos cerebrales mínimos donde se genera la experiencia humana se llaman Correlatos Neuronales de la Conciencia (NCC según sus siglas en inglés).

El científico va un poco más allá y afirma que toda experiencia consciente ocurre en una zona específica del cerebro que se llama la corteza posterior, que se encuentra en la parte superior trasera de la cabeza.

Sus estudios también lo han llevado a asegurar que los humanos no son los únicos capaces de tener consciencia. Los mamíferos, las abejas, los cefalópodos y las aves son solo algunos de los animales capaces de recordar, sentir dolor, resolver problemas y que poseen una experiencia consciente.

La moral de Churchland

Pensadores como la neurofilósofa canadiense Patricia Churchland suman a la ecuación de la experiencia la variable de la ética y la moral para hablar de la consciencia.

Y ese intento de conectar la moralidad a la biología le ha ganado unos cuantos detractores de los filósofos que creen que la intervención de dios o de los que aseguran que la consciencia es tan sólo una ilusión.

Churchland alega en su libro Conscience: The Origins of Moral Intuition que los mamíferos desarrollamos la empatía de manera evolutiva porque nos ayuda en la supervivencia. El apego de las madres con nuestras crías los ayuda a sortear los peligros y aumenta sus posibilidades de llegar vivos a la adultez.

“El apego genera cariño y el cariño genera consciencia”, dijo Churchland en una entrevista con la revista Vox.

La publicación científica Nature reseñó que la idea de consciencia propuesta por Churchland como una capacidad neurobiológica de internalizar normas sociales contrasta con las posiciones estrictamente filosóficas sobre cómo los humanos diferenciamos lo bueno de lo malo.

La investigadora ha concluido que el cerebro condiciona nuestros impulsos morales y hasta nuestras creencias políticas.

En uno de sus experimentos, colocó a varios sujetos en un equipo de resonancia magnética mientras le mostraba imágenes que no tenían contenido ideológico. Específicamente, le enseñaban una foto de una persona con la boca llena de gusanos vivos, mientras registraba las diferencias en los niveles de actividad en las regiones cerebrales.

“Había niveles mucho más elevados de actividad si te identificabas como muy conservador que si te identificabas como muy liberal. Sólo en la imagen de los gusanos retorciéndose en la boca podías distinguir a los conservadores de los liberales con una exactitud del 83 por ciento”.

Churchland señala que el 50% de esas actitudes de carácter son heredadas, lo que adjudica otra importante mitad de las actitudes conscientes al aprendizaje. La genética no lo es todo, pero tampoco es insignificante, asegura.

“Eso puede significar que para algunos de nosotros es más sencillo aprender ciertas normas y le cuesta más dejar de seguir otras ¿Tengo la tendencia a ser clemente si estoy en un jurado? ¿O no? ¿Reaccionaría diferente si tuviera unos genes ligeramente diferentes? La respuesta es que probablemente sí”, dijo Churchland.

¿Por qué es importante el estudio de la moral y la conciencia?

Determinar la esencia de la consciencia será fundamental para el desarrollo de normas de convivencia ética en el próximo siglo.

“Si tienes consciencia tienes un estatus moral especial. El estatus moral de mi frigorífico es muy bajo. Puedo hacer con él no que quiera y nadie se molestará. Lo puedo golpear con un martillo y no pasará nada. Es sólo un objeto. Pero si abuso de mi perro, la gente tendrá el derecho de llamar a la policía, seré expuesto a los medios. ¿Por qué? Porque creemos que el perro tiene consciencia y por lo tanto tiene ciertos derechos”, explicó Koch en una conferencia en la universidad irlandesa Trinity College de Dublín.

Kock dice que hay muchos justificativos morales para respetar la existencia de un animal pero llegará el momento en que tengamos que debatir sobre el derecho de la existencia de las máquinas.

Una explicación cognitiva podría alegar que “cualquier máquina que tiene mi nivel de complejidad cognitiva debe disfrutar de ciertos derechos”.

Para Koch la pregunta fundamental es si con el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial todas las máquinas adquirirán derechos morales. El investigador asegura que eso no ocurrirá nunca. Para Koch la inteligencia y la rapidez en el procesamiento de información no es equiparable a la consciencia.

“Puedes apagar un robot y no estarás hiriendo a nadie. Las maquinas podrán pensar pero nunca sentir”.

Esa noción entrará en conflicto con nuestros sentimientos más profundos porque evolucionamos a través de la empatía. En películas de ciencia ficción como Ex Machina o Westworld, los humanos se sienten atraídos y son manipulados por máquinas hermosas.

Para científicos como Koch y Churchland el cerebro, humano y de todas las especies, es la máquina más sofisticada y poderosa del universo y allí yacen todas las respuestas. Hasta el motivo que te impulsa a votar por un candidato aunque sabes que no es la mejor opción.

Créditos: es-us.noticias.yahoo.com

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