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¿Qué son las rocas lunares de la buena voluntad y dónde acabaron?

Rocas Lunares-Yarith-Tannos

Rocas lunares recogidas por los astronautas de Apolo 11 y Apolo 17 fueron entregadas a 135 países como símbolo de buena voluntad de Estados Unidos: algunas forman parte del orgulloso acervo de instituciones científicas y museos, pero de muchas otras no se tiene noticias.

Muchas desaparecieron, fueron robadas o se destruyeron.

La lista que sigue resume la historia de algunas de las rocas lunares desaparecidas y también de piedras perdidas que fueron recuperadas.

Estos casos fueron compilados a partir de investigaciones realizadas por Joseph Gutheinz Jr -agente especial retirado de la NASA conocido como el “cazador de rocas lunares”- y sus estudiantes, y el sitio web collectSPACE, especializado en la historia de la exploración espacial.

Afganistán

Las rocas del Apolo 11 y el Apolo 17 entregadas a Afganistán, país devastado por una guerra perpetua, han desaparecido.

Chipre

Una de las rocas dirigidas a Chipre nunca llegó a ser entregada, debido a la invasión turca de la isla en julio de 1974 y el posterior asesinato del embajador de Estados Unidos apostado allí.

Años después, el hijo de un diplomático estadounidense la entregó a la NASA, pero la agencia no la ha enviado a su destinatario original.

Honduras

La roca lunar de la misión Apolo 17 que pertenecía a Honduras fue recuperada por Gutheinz y Bob Cregger, un agente del Servicio Postal de Estados Unidos. Ocurrió en 1998 durante un operativo encubierto bautizado “Operación Eclipse Lunar”.

Un empresario del estado de Florida llamado Alan Rosen había pagado 50,000 dólares por ella a un coronel del ejército hondureño. Rosen intentó luego vender la piedra a Gutheinz -quien se hacía pasar por un comprador interesado- por cinco millones de dólares. Fue decomisada y luego devuelta a Honduras.

Irlanda

La roca lunar del Apolo 11 que llegó hasta Irlanda estaba en exhibición en el Observatorio Dunsink, en Dublín. Construido en 1785, tenía todo para ser el hogar perfecto de ese pequeño fragmento de satélite.

Por desgracia, en octubre de 1977 un incendio arrasó con el edificio. Escombros del observatorio -y lo que haya quedado de la roca lunar- terminaron en un vertedero cercano.

Libia

Las rocas lunares del Apolo 11 y el Apolo 17 fueron entregadas al entonces líder libio Muamar Gadafi. Se desconoce el paradero actual de las piedras.

Malta

En mayo de 2004, la piedra del Apolo 17 en posesión de esta pequeña república insular fue robada del Museo de Historia Natural. No ha sido recuperada.

Nicaragua

La roca nicaragüense del Apolo 17 fue supuestamente vendida a un comprador de Oriente Medio por una cifra estimada entre cinco y 10 millones de dólares. Su antecesora, la roca del Apolo 11, terminó en manos del empresario Bob Stupak, propietario de casinos en Las Vegas, quien durante algún tiempo la exhibió en su Moon Rock Cafe.

Dos años después de su muerte, un representante legal de su herencia la entregó a la NASA, que luego de certificar su autenticidad la devolvió a Nicaragua.

Rumania

La roca del Apolo 11 que llegó a este país de Europa del Este se exhibe en un museo de la capital, Bucarest. Se cree que la otra roca, del Apolo 17, fue vendida por los herederos del dictador Nicolae Ceausescu, ejecutado junto a su esposa Elena el día de Navidad de 1989.

España

La roca del Apolo 17 que Nixon envió a España se puede ver en el Museo Naval de Madrid, luego de que fuera donada por la familia del almirante Luis Carrero Blanco, asesinado por el grupo separatista vasco ETA en 1973. La otra roca, proveniente de la misión del Apolo 11, desapareció. Se cree que está en poder de la familia del dictador Francisco Franco.

El cazador de rocas lunares

Tras el “gran salto para la humanidad” de Neil Armstrong, hace casi 50 años, el entonces presidente estadounidense Richard Nixon ofreció recuerdos de la Luna a cada Estado del planeta, a la sazón 135, como señal de la buena voluntad de su país.

Decenas de esos fragmentos de Luna desaparecieron desde entonces en condiciones rocambolescas propiciadas por coroneles corruptos, dictadores depuestos y otros personajes extravagantes del último medio siglo.

Joseph Gutheinz Jr., de 63 años, se ha propuesto encontrarlos, ganándose así el apodo de “cazador de rocas lunares”.

“¿Las piedras de Libia? Desaparecidas”, dice. “¿Las de Afganistán? Desaparecidas”.

“Hay gente que busca rocas, yo cazo las rocas de la era Apolo”, explica a la AFP este exagente especial de la NASA, en su oficina de Houston, cerca del mítico centro espacial Johnson.

Los astronautas estadounidenses son los únicos que pisaron la Luna, durante las misiones realizadas entre 1969 y 1972. Ahí recolectaron 382 kilos de material lunar que llevaron a la Tierra. Estados Unidos regaló un fragmento de roca de la primera y la última misión (Apolo 11 y 17) a todos los países y a cada uno de sus 50 estados.

Los pedazos regalados eran pequeños, del tamaño de un grano de arroz o de una canica, cubiertos con un plástico transparente y fijados a una placa de madera en la que aparecía una bandera miniatura del país receptor. De los 270 fragmentos ofrecidos al resto del mundo, decenas están en paradero desconocido.

Fueron robados, vendidos por millones de dólares a coleccionistas privados o simplemente desaparecieron o fueron destruidos.

Operación “Eclipse de Luna”

“Eran regalos” (…) No iban destinados a particulares”, dice Gutheinz. “Quería que esos pedazos de historia fueran devueltos a los pueblos”, insiste este abogado que está obsesionado con esa búsqueda aunque abandonó la NASA en el año 2000.

Para él todo empezó en un periodo en el que luchaba contra la corrupción entre los contratistas de la NASA de día y estudiaba derecho de noche. “Después de Apolo 11, unos estafadores iban de puerta en puerta para vender falsos fragmentos de Luna”, recuerda. “Eso no me gustaba en absoluto”.

Lanzó la operación “Eclipse de Luna” en 1998 para desenmascarar a esos estafadores. Publicó entonces un anuncio falso en el diario USA Today con la ayuda de un agente del servicio de correos: “Se buscan rocas lunares”. Al cabo de unas semanas, un hombre llamado Alan Rosen contactó con ellos y les ofreció una piedra lunar por cinco millones de dólares.

Gutheinz organizó el intercambios, pero las autoridades federales se negaron a prestarle el dinero necesario para la operación. El multimillonario texano Ross Perot, excandidato a la Casa Blanca, los salvó del apuro aportando los fondos. La venta se llevó a cabo en una sala segura de un banco de Miami. “En cuanto agarramos la piedra lunar, vimos que era la de Apolo 17 entregada a Honduras”, dice.

“Hubo un golpe de Estado militar en Honduras. Y para darle las gracias a uno de sus coroneles, el dictador le regaló la piedra”. Alan Rosen había comprado ese fragmento de roca a ese militar por 50.000 dólares.

Tras años de peripecias judiciales, Honduras acabó recuperando su tesoro. Desde que inició su búsqueda Gutheinz encontró esa roca, y sus estudiantes de derecho localizaron otras 78.

La encontraré”

Una roca lunar sustraída en Nicaragua también tuvo una historia con sobresaltos. El fragmento de Apolo 11 acabó en manos de un magnate de los casinos de Las Vegas, Bob Stupak, que lo compró a un misionario baptista, que lo había adquirido en Costa Rica. Stupak exhibió la roca durante un tiempo en su Moon Rock Cafe. Y dos años después de su muerte, un representante legal del empresario llamó a Gutheinz para saber qué tenía que hacer con ella.

“Entréguela a la NASA y hágale prometer que la devolverá a Nicaragua”, respondió el abogado. “Y eso es exactamente lo que hicieron”, afirma. El investigador piensa que la piedra de España está en la familia del dictador fallecido Franco. “Se cree que uno de los nietos de Franco intentó vender la roca de Apolo 11 en Suiza, pero que Interpol se lo impidió”, explica Gutheinz. La roca de Apolo 17 se encuentra en el Museo Naval de Madrid. Una de las dos muestras de Rumanía desapareció también.

“Tras la ejecución de Nicolae y Elena Ceausescu el día de Navidad de 1989, los herederos de ese horrible dictador comunista se la vendieron a un capitalista”, cuenta. “Está en algún sitio; algún día la encontraré”.

Créditos: newsweekespanol.com

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